No estoy en peligro… yo soy el peligro.

Efectivamente, Walter White es el que llama a la puerta de tu casa para matarte. Es el jefe de los jefes, el capo de los capos, el que parte la pana. Es ese tipo que pasa de ser un profesor de química pagafantas y reprimido al que molerías a palos fácilmente a ser el pez gordo de la “meta azul”.

Y es que la trama engancha desde el primer momento en que presentan al cobarde Walter White, un profesor de instituto con cáncer al que no dan mucho tiempo de vida, que busca conseguir dinero de forma fácil y rápida para no dejar en la ruina a su familia, ya que su hijo necesita atención y cuidados especializados.

Y no solo engancha por eso, sino porque de las mil formas posibles que tenía para conseguir dinero, va y se pone a cocinar metanfetamina como el que no quiere la cosa (así, por probarlo), llegando a hacer el cristal más puro del mercado y dándole un toque distintivo: su color azul. Vamos, toda una innovación disruptiva.

Todos tenemos un alter ego oscuro

Lo mejor de la serie, sin duda, es su paso al lado oscuro (de hecho, el propio nombre de la misma, Breaking Bad, lo indica): cómo se volvió malo y cómo pasa de empezar a cocinar cristal azul para ganar algo de dinero que le permitiera mantener a su familia a cegarse por su ambición y querer siempre más y más poder.

Sinceramente creo que, a Walter White, conocido por los guettos y los cárteles de la droga como Heisenberg, le ponía hiper cachondo ocultar su alter ego ante los de siempre para seguir siendo una mosquita muerta, y controlar todo el cotarro ante los que movían el mercado de la droga.

A fin de cuentas, hasta a Skyler, su mujer, cuando acabó descubriendo quién era en realidad Walter White, pese a tener miedo, disfrutaba un poco con lo que hacía. Así que, ¿a quién no le pondría tener lo que quisiera en todo momento, agradando a todo el mundo a la vez sin tener que dejar de hacer lo que más le gusta por miedo a ser descubierto?

Moraleja 

Si algún día te dicen que te vas a morir en poco tiempo y quieres sacar a tu endeudada familia un poquito de la mierda, ponte a cocinar cristal azul, pero sin que Heisenberg te pille porque probablamente acabarás muerto. Recuerda que ese negocio es solo suyo:

Un tío llama a la puerta y dispara. ¿Crees que me dispararía a mí? No… Yo soy el que llama.